¿Quién es la mano negra que mueve los hilos?

Recientes movidas en el valle de Tambo que buscan generar violencia y mala disposición frente a la minería, nos llevan a preguntarnos por la persona que está detrás de todo esto. ¿Quién está a la cabeza del radicalismo anti todo en el valle?

La pertinente pregunta se enfoca principalmente en el accionar de los hermanos Cornejo, Julio y Jesús, de Miguel Meza Igme, el activista violento y obsceno, y, finalmente, los hermanos Del Carpio, quienes, luego de unos años, vuelven a cobrar protagonismo.

David Del Carpio es ingeniero y radica en Chile, de quien se sospecha que mantiene vínculos con empresarios chilenos que quieren evitar perder el protagonismo en la inversión minera del cobre, de salir adelante el proyecto Tía María. Jorge, el hermano médico, lleva algún tiempo fuera de la escena política y son conocidos sus nexos con Sendero Luminoso y sus organizaciones políticas subordinadas, como el Movadef.

En esta conjunción de personajes que aparentan ser villanos sacados del mundo de los comics que luchan contra la justicia y el orden, no queda claro quién manda a quién, ni si forman una misma estrategia. Lo que sí se evidencia en sus movimientos es la lucha contra la inversión y la peligrosa cercanía con la subversión. En todo este movimiento también habrían “lentejas” que van y vienen.

También es importante saber cuál es el rol de quienes son autoridades y, como tales, tienen la misión de velar por el bien común y el bienestar de la población, como el alcalde de Cocachacra, Julio Cornejo, ¿se estaría pegando a has huestes de los violentistas? Y ¿cuál es realmente su labor como burgomaestre?

Hay otros personajes que han perdido protagonismo desque que perdieron en las últimas elecciones su opción a obtener un cargo público, como es el caso de la señora Marilú Marroquín, quien ahora se dedica a culpar ala minería de todos los males habidos y por haber, como si no existieran las experiencias de éxito de Moquegua, Tacna y Arequipa, donde se generan miles de puestos de trabajo.

Por ejemplo, Marroquín debiera saber que la contaminación del río Tambo no se debe a la minería, sino al drenaje natural por el cual recibe boro y arsénico, por lo cual, si no se lleva a cabo la planta de tratamiento de agua, cuyos estudios fueron financiados por Valle Unido, la población seguirá consumiendo agua con minerales contaminantes.

Los activistas “anti” todo y de raigambres terroristas saben muy bien que la realidad ha desmentido sus falsedades, junto a las razones de expertos —no charlatanes, como ellos— que demuestran que el agua del río no será afectada, ni el mar, ni la vida de las personas; sino que, como ha sucedido en Ilo, habrá más trabajo y bienestar, y más pesca; inclusive hay una planta de desalinización de agua de mar desde los años 70.  Hay actividad minera en la mina Cuajone desde 1976, hay actividad metalúrgica en Ilo desde 1960 y los valles de Torata e Ilo siguen produciendo.

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