Paro, vandalismo y fines políticos

Lo que viene sucediendo en Arequipa es vandalismo. Las agresiones contra las personas que apuestan por la inversión, los negocios y que no acatan el paro son una muestra más de la intolerancia de un grupo de gente que no quiere dialogar, y que es alentado por autoridades y dirigentes que promueven la violencia, y que nos dan una clase maestra de lo que NO es una manifestación pacífica.

Conscientes de que la violencia no es el camino hacia el desarrollo, y mucho menos un mecanismo para alcanzar el progreso, cada vez menos personas participan en el paro. Durante el primer día de la medida de fuerza, los huelgusitas sumaban 500 personas. En esa misma fecha por la noche, dos mil personas se dieron cita en la plaza de Yanahuara para pedir el cese de las intimidaciones. Manifestaron que paralizando la región no llegan a ninguna parte, es momento de ponerse a trabajar.

Los transportistas no pueden llevar alimentos a la ciudad y algunos productos de primera necesidad ya están escaseando, por ello sus precios se elevan y son los pobres los más afectados con esta situación. ¿Es así como se construye una mejor región?, ¿esa es la maniobra para que se solucione la crisis hídrica?, ¿la paralización mejorará nuestra salud, nutrición y la educación de nuestros hijos?, ¿faltando a clases los más chicos se forjan un futuro con más oportunidades?

Cada vez es más evidente que el paro regional tiene un fin político. José Luis Chapa, dirigente huelguista y secretario de la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa, declaró que no ve problema en que quienes encabezan las protestas, y ahora brillan por su ausencia, sean candidatos.

Lamentamos contradecirlo señor Chapa, pero resulta que si hay problema. La huelga debe responder a un malestar entre la población, no es una manera de conseguir simpatizantes. Alcanzar un cargo de representatividad no equivale a engrosarse los bolsillos con los recursos de los ciudadanos, si no trabajar por ellos y por el bienestar de su región.

Es evidente que los dirigentes del paro que tienen como gran propósito convertirse en autoridades no tienen la más remota idea de cómo fortalecer el agro y aprovechar las potencialidades económicas que se tengan. La minería es una de esas oportunidades, entonces, ¿por qué no emplearla para generar un mejor futuro para nosotros y para las generaciones por venir? La provincia de Islay está poblada por gente honesta, trabajadora y pacífica que merece mejores autoridades que piensen en el bienestar de la comunidad, no sólo en el propio.

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