Palabras, palabras, palabras…

Recientes declaraciones de Jorge Del Carpio, activista anti minero, vinculado al terrorismo años atrás, tratan de sorprender a la población al afirmar que “polvos saldrán de la mina”; sin embargo, el resquebrajamiento de la roca no genera un polvo que salga de la mina.

El fundamento “científico” de este señor se basa en las supuestas visitas de ciudadanos a las minas de Cuajone o Toquepala, realidades obviamente diferentes y que no pueden ser verificadas de manera alguna.

Este tipo de comentarios pueden generar actitudes violentas en algunos pobladores que caigan en el engaño, pero en el valle se ha optado por el trabajo pacífico y responsable, por la alianza de la minería y la agricultura para resolver, precisamente, la falta de agua. Ya no se quieren más mentiras ni a las personas que alientan a la violencia.

El peor temor de estos activistas pseudo ambientalistas y transmisores de intereses particulares es que prime la voluntad del pueblo y se instale el proyecto minero en el desierto. Lo cual les impediría prolongar la pobreza, el hambre y la miseria, porque habría trabajo de calidad para todos. Quienes fueron engañados por estos activistas, voltearán los rostros para verlos a los ojos y largarlos del valle y aquellos quedarán si trabajo, porque la verdad prevaleció.

El progreso en el valle de Tambo implicará no solo trabajo en la mina, sino en la agricultura, con tecnología y métodos de producción adecuados a las necesidades y exigencias de los mercados nacionales e internacionales. Los pobres dejarán de ser explotados y podrán vivir en paz y tranquilidad, con dignidad.

No falta mucho tiempo para que puedan hacerse realidad muchos de aquellos eventos que durante años han sido sueños llenos de la utopía que vendían las palabras engañosas de personajes oscuros que se alimentaron del temor de la población, destruyendo sus legítimas aspiraciones, como Miguel Meza, el violento que ataca a las mujeres de nuestro valle, los hermanos Del Carpio, “importados” para engañar al pueblo.

Veamos a nuestro alrededor y apreciemos el desarrollo que nosotros podemos lograr si de una vez por todas abrimos las puertas a la inversión. No temamos más a los que usaron sus malas artes y lenguas bípedas para alejarnos de nuestros sueños.

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