Los violentos del valle de Tambo

Hay un grupo de dirigentes del valle de Tambo que hacen política mediante la promoción de la violencia. Pretender dar la imagen pública de ser defensores de derechos; sin embargo, sus actos son los de insurgentes que no respetan el órden democrático de la Nación.

En este contexto, el activista antiminero José Blanco sale a las plazas afirmando que quiere organizar una insurrección. ¿Sabrá realmente lo que eso significa? En nuestra Carta Magna está previsto el derecho a la insurgencia en casos muy particulares y extremos, que están lejos de ser los que estamos viviendo actualmente:

Artículo Nro 46
Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asumen funciones públicas en violación de la Constitución y de las leyes.

La población civil tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional.

Son nulos los actos de quienes usurpan funciones públicas.

Constitución Política del Perú

Como se lee en nuestra Constitución, no hay condición alguna que justifique el llamado de José Blanco a la insurgencia que demuestra claramente que este activista no cree en el sistema democrático que rige nuestro país; por ello, podemos calificarlo, sin temor a equivocarnos, como un desadaptado, puesto que se encuentra en el país equivocado ya que no se adapta a la democracia.

Junto a ello, los actos de este personaje revelan la poca importancia que le da a los derechos humanos, partiendo del respeto a la vida humana, señalado claramente en nuestra Carta Magna y en innumerables disposiciones legales internacionales; por lo cual, podemos atrevernos a decir que Blanco es un desadaptado en el Perú y el mundo. Él parece ser de otra época o de otro planeta, correctamente se le puede considerar un alienígena.

En las cirunstancias en que José Blanco plantea la insurgencia, está claro que se trata simplemente de una revuelta violenta y antidemocrática, que perdigue intereses políticos e ideológicos, semejantes a los que buscaban los movimientos terroristas de los años 80, cuyos inicios partieron de reclamos sociales aparentemente justos pero que fueron encausados por las vías del odio, la muerte y destrucción, caminos del todo ajenos a la democracia.

Vulgarizar frases como “insurrección”, “patria o muerte”, “uno sí, el otro no”, lleva como trasfondo la promoción del conflicto violento y conduce inevitablemente a la muerte, muchas veces, de personas inocentes. En este sendero no hay desarrollo ni bienestar.

Hechos que se basan en los criterios descritos han estado casi siempre ligados a intereses pecuniarios. Tengamos en cuenta que los grandes “revolucionarios” de Venezuela son también los más grandes magnates del país. En la realidad del valle, los más grandes “defensores” del pueblo, activistas antimineros que se atribuyuen ser voceros de los intereses del pueblo, han demostrado ser también los más grandes negociantes de “lentejas”.

Por todo ello, no dejemos que un grupo de lentejeros se lleve nuestra esperanza y postergue, una vez más, nuestro prometedor futuro. Escuchemos a quienes realmente tienen algo objetivo que decirnos, aquellos que respetan el orden democrático y que luchan por el bien común. La lucha del valle de Tambo debe ser por el derecho a ser prósperos y permitir que la inversión privada transforme el futuro de nuestros hijos, no puede ser una lucha de unos lentejeros que quieren más lentejas.

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