Los que dicen No al progreso

Desde los años 60 se escucha que se construirá una represa para proveer de agua al valle de Tambo y, hasta ahora, nada. Hace 10 años ese sueño estuvo a punto de hacer realidad, gracias a la iniciativa privada, pero, hasta ahora, nada.

Hace 10 años se hubiera iniciado la construcción de la represa si un puñado de activistas “anti todo” no hubiese intervenido contra el desarrollo de actividad minera en la zona del valle. El sueño estuvo cerca de cumplirse y, una vez más, agricultura y minería habrían compartido un mismo horizonte de desarrollo, pero los activistas en mención dijeron “NO” y la represa no pudo construirse ni el valle desarrollar.

Ahora nos encontramos ante una situación semejante, en cuanto que muchos de aquellos “anti” destilan su amargura y estéril protesta para decirle NO a la minería, pero algo ha cambiado: el pueblo ya sabe que estos son mentirosos y que solo sirven al propio provecho ideológico y político, que no quieren otro desarrollo que el de sus bolsillos llenos de lentejas, que podrían ser recursos para el pueblo.

Antes de las elecciones regionales los “anti” nos dijeron que lograrían un acuerdo para la construcción de la represa de Paltuture; sin embargo, las amistades que se tejieron en ese momento electoral de destejieron cuando las autoridades actuales salieron electas. Por ello, el gobernador regional de Puno ya no quiere represa.

La lección debiera estar más que clara, no podemos depender de terceros, menos aún si son partidarios de la ideología “anti sistema”, “anti inversión” … Es por ello que la minería en el desierto es la gran alternativa, porque, con su canon y regalías permitirá que podamos tener represa y cuanto necesite el agro para desarrollar de acuerdo a los más altos estándares.

Hagamos oídos sordos a los Meza, Cornejo, Del Carpio y a todos los “anti”, optemos con optimismo y firmeza por el progreso. Demos ese paso por nosotros y el mejor futuro para nuestros hijos. No caigamos en el miedo que transmiten quienes han escogido la violencia como estilo de vida. La ideología terrorista no solo tiñó de sangre el país, destruyó familias enteras, arruinó la economía, sino que nos robó la esperanza.

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