Extremo contra Extremo

Dos extremistas, en cuanto a sus posturas políticas, con coincidencias en cuanto a sus propuestas y posiciones radicales para las regiones de Arequipa y Puno, recibieron el apoyo del pueblo y llegaron al poder.

Siendo vecinos, con intereses económicos compatibles, con propuestas políticas análogas y hasta “estilos” semejantes, el ciudadano común y corriente sospecharía que serían aliados estratégicos por lo menos para fortalecer la posición política extrema que comparten, pero NO.

Cáceres LLica y Aduviri defienden cada uno sus propios intereses, se insultan, marcan celosamente sus territorios y cierran las puertas a posibles acuerdos que beneficien a ambas regiones, como específicamente podría suceder con el manejo del recurso hídrico.

Se comportan como enemigos acérrimos, como quienes tienen un pasado terrible que los separa. Queda claro que las posiciones extremistas solo buscan su propio interés. Recuerdan que cuando eran candidatos, tanto Aduviri como Cáceres Llica, indicaron que buscarían acuerdos para alcanzar el desarrollo del sur del país, lo cierto es que una vez que llegan a ocupar los cargos públicos el extremismo jala agua para su propio molino y se olvidan de las esperanzas de la población.

Con autoridades así es muy difícil plantear medidas que lleven al desarrollo, se comportan como “monos con pistola”, pues nadie sabe hacia dónde pueden disparar. Por ejemplo, ambos se han mirado a los ojos y han compartido insultos, han desenfundado sus armas y se han disparado cada uno a sus propios pies. Es decir, han boicoteado posibilidades de desarrollo para cada una de las regiones que representan.

Tengamos presente que las posiciones extremas han tenido varios puestos de poder en el sur del Perú y no han conseguido nada bueno durante años, como por ejemplo, varias de las juntas de usuarios del valle de Tambo y dirigentes en Puno. Solo han dejado caos y pobreza. ¿Cuántos años más necesitamos para aprender la lección?

Miremos Ilo, con menor desnutrición crónica infantil, centros comerciales, nuevos edificios, mejores escuelas y grandes centros de salud y hospitales. Todo eso lo tienen porque el pueblo y sus autoridades hicieron una apuesta diferente a la del valle de Tambo: trabajan con la minería y, por eso, tienen refinería, pesca abundante y un valle que produce olivos. Conviven diversas actividades económicas y generan recursos porque hay sinergia entre ellas, y porque hay un objetivo común: desarrollo para todos.

Demos el paso que han dado nuestros vecinos de Ilo, tenemos tantos recursos que creceremos rápido y seguro, como nunca antes. Demos el paso y dejémos de lado conflictos y divisiones. ¡Hagamos un futuro diferente!

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