En medio de las repartijas

Las huestes de los activistas “anti” se reunieron en el búnker de Alto Inclán para hacer la repartija de cargos directivos; algo semejante debió ocurrir en los días previos a las manifestaciones de los años 2010 y 2015. Reuniones donde no solo se reparten puestos sino también las anheladas “lentejas” y posibles acuerdos “bajo la mesa”.

En aquellas ocasiones —2010 y 2015— sortearon la vida de inocentes que solo querían lo mejor para el valle, para luego utilizar sus memorias como la de mártires “que dieron su vida por el pueblo”, tal y como hacen los comunistas o los grupos fundamentalistas.

La coyuntura electoral de 2018 les fue muy desfavorable y estos pseudo ambientalistas han perdido muchas posiciones y, las que mantienen, no les son suficientes para sostener su lucha desde el poder. Por ello, van a estar dispuestos a cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos de sabotaje a la inversión en el valle.

Ellos no defienden los intereses del valle, estos fueron defendidos en las urnas. Lo que buscan estos personajes son satisfacer intereses extraños, egoístas que solo les producen dividendos a ellos y que nada tienen que ver con el bien común de la sociedad.

Estos “anti” deben abandonar el valle cuanto antes, no son bienvenidos. Si se trepan a nuestros techos a colgar sus banderas, las removeremos; si pintan nuestras paredes, las repintaremos con libertad. No queremos más mentiras ni chantajes.

En medio de la desesperación que les embarga, los “anti” han “acercado” un par de kilómetros el proyecto La Tapada, el cual realmente está a 3 kilómetros de distancia. Con esa mentira buscan atemorizar a la población y ponerla en contra del proyecto minero. Lo que no entienden es que los tambeños pronto serán felices al ver mejores canales de irrigación, pozos, una represa, mejores escuelas y centros de salud.

Los “anti” son solo eso “antis” no son “pro”, no buscan positivamente nada, no proponen, sino quieren que quieren disponer para destruir, manipular para llevar al caos a las personas sencillas que quieren vivir con prosperidad.

Aquellos activistas de muerte han tenido muchísimas oportunidades de proponer y construir estructuras de vida y progreso, pero no lo han hecho, porque no saben ni quieren hacerlo, son oportunistas buscando el mejor provecho para ellos mismos y quienes los envían a mezclarse entre el pueblo para convencerlo de sus mentiras.

Cuando el proyecto Tía María se inicie en el valle de Tambo, no solo encontrarán trabajo los jóvenes, sino que muchos pobladores verán crecer sus negocios, los niños tendrán mejor educación y salud. La cadena de desarrollo será amplia y firme. Veremos todo que estas no son palabras vacías sino consecuencias claras de lo que será una gran inversión para el desarrollo.

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