Artimañas y engaños

Ante la inminencia del inicio de la etapa de construcción del Proyecto Minero Tía María, que se desarrollará en el desierto, los activistas antimineros echan mano a todo cuanto puedan por detenerlo.

En este sentido, salió a la luz un tal Arturo Muñoz, quien ha manifestado que una empresa ha sobornado a algunas personas.  Si eso es cierto y no es una mera especulación lanzada sin fundamento alguno y que busca mellar las honras de las personas, lo que debe hacer es denunciarla, pero con pruebas, con documentación, directamente a la Fiscalía.

De no haber denuncia formal, las acusaciones de soborno se transforman en meras armas del activismo ideológico que quiere destruir la inversión, el cual ya es rechazado por el pueblo, cansado de tanta mentira.

La Izquierda radical apoyó a Ollanta Humala para llegar al poder, con su promesa del balón de gas a S/ 12, pero, luego de sus errores y su “alianza estratégica” con Odebrecht, lo desconocen. En esa volatilidad es que ahora inventan cuanto puedan crear la imaginación y fantasía, como que la mina está en las nubes y no en el subsuelo, con tal de convencer al pueblo de rechazar la inversión minera. Sin embargo, el pueblo no es incauto.

Mentiras a granel

Los “anti”, a quienes no se les puede negar el ingenio para la mentira, afirman que el pueblo paga los regalos que han hecho las empresas mineras. Esta ingenua —pero, mal intencionada— afirmación se desbarata con una brece encuesta entre la población, con solo dos preguntas: 1. ¿Las mineras le ha pedido dinero para comprar polos y regalos?, y 2. ¿Alguna persona, en nombre de campañas pseudo populares, le ha pedido dinero para confeccionar banderines verdes?

En esta encuesta simulada, ante la pregunta 1., la respuesta general sería un contundente NO; sin embargo, ante la pregunta 2., habría muchos SÍ e, incluso, habría quienes aprovecharían para quejarse anónimamente —por temor a represalias— de haber sufrido la invasión de sus viviendas para colocar banderas verdes de simpatía al activismo “anti”. Esta es la verdad.

La tolerancia a la mentira de los violentistas, a la falta de trabajo y progreso, así como al bienestar prometido desde hace más de 20 años, ya llegó a su fin. El pueblo está harto de los “anti” y quieren recibir el apoyo auténtico de las mineras para desarrollar y cambiar la realidad de pobreza y fracaso, en prosperidad y éxito.

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