El empleo es el mejor programa social

Mediante un comunicado, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MPTPE) y el Ministerio de Inclusión y Desarrollo Social (MIDIS) han anunciado cómo se han determinado a los ocho millones y medio de hogares que accederán al segundo bono familiar universal, el cual permite subsistir a quienes no cuentan con un empleo formal y cuya situación económica ha empeorad debido a la crisis sanitaria.

La iniciativa del Gobierno no estuvo libre de cuestionamientos, por el diseño del padrón de los beneficiarios y por la desorganización en las entregas. Más allá, los bonos son parte de un programa de subsistencia, es decir es una medida temporal y finita, por lo que es necesario pensar en salidas que nos permitan superar la crisis económica generada por la pandemia en el largo plazo.

En este escenario aparece la respuesta del sector empresarial, representado por María Isabel León, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), quien opina que “tenemos que tener en claro que el empleo es el mejor programa social y debemos mirar hacia la generación de un potente shock de inversiones pública y privadas”. Es decir, hay que pensar en grande y a futuro.

Para ello, se deben reactivar los grandes proyectos que, evidentemente generarán oportunidades de empleo. En el caso específico de Arequipa, es momento de poner en la mesa el proyecto Majes Siguas II y Tía María, y alcanzar consensos para que sean llevados adelante, pensando siempre en el bienestar de la población y en sus reclamos, que en este momento se resumen en uno: trabajo para superar la crisis.

“Tenemos que ser capaces de atraer inversiones extranjeras que encuentren un espacio seguro y flexible para invertir en el país” señala León, haciendo alusión a que si el proyecto Tía María se lleva adelante, se marcaría un precedente y se crearía el clima ideal para invertir, por lo que cada vez más empresas transnacionales se interesarían en invertir en nuestro país.

No debemos pensar solo en pasar este mal rato, sino proyectarnos a futuro, pensando en atraer inversiones privadas, apostar por una minería formal y responsable que con trabajo y recursos nos permita volver a creer en que Islay tiene un futuro próspero.

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