¿Debate o monólogo de loros?

Resulta curioso, por llamarlo de alguna manera, que personajes como Jorge Del Carpio o Miguel Meza Igme propongan realizar un debate. Esta propuesta llama la atención porque un debate implica necesariamente diálogo y, si hay algo que con certeza no saben hacer aquellos personajes es dialogar.

Quienes alguna vez han sido sindicados como terroristas y, en el caso de Jorge Del Carpio, más de una vez, son personas que están adoctrinadas para convencer y no para dialogar, es decir, no conocen argumentaciones lógicas orgánicas sino falacias y trucos lingüísticos para llevar al “oponente” al lugar que se desea. Es más, en muchos casos, el tratar de argumentar lógicamente a una persona ideologizada como Del Carpio, el esfuerzo de llevar a la verdad es usado como punto en contra del oponente, como muestra de “fundamentalismo” o, en el lengua antiminero, “vendido a la mina”.

En el caso de Meza Igme el asunto es más grotesco, pues se trata de alguien que ha manifestado con sus actos ser muy violento, abusivo, “básico” en cuanto a su capacidad argumentativa –como un niño pequeño que aprende a razonar– y solo capaz de seguir consignas simples, como “agro sí, mina no” y si le preguntas por qué, es muy probable que te mire a los ojos y repita “agro sí, mina no” o, como un niño te diga, “¡porque sí!”. Alguien como él que ha sido acusado por maltratar a mujeres del valle de Tambo y por cometer actos obscenos, difícilmente podrá organizar una argumentación lógica y técnica que esté a la altura de un debate científico.

Este tipo de personas son, en sí mismos, un insulto a la inteligencia humana porque apelan a elementos de fuerza irracionales, amenazas y chantajes. Manipulan y prometen lo que el pueblo necesita pero sin tener la más mínima idea de cómo lograr el objetivo y, cuando el pueblo les exige el cumplimiento de los prometido, solo sabrán echarle la culpa al Estado o a la “mina”, no podrán asumir error alguno.

Hay tantas organizaciones, grandes, medianas y pequeñas, que dicen representar los intereses del pueblo pero que, durante años, no han logrado saciar las necesidades más elementables del valle de Tambo, como el agua para el agro.

Nuestro Himno Nacional proclama “Somos libres, seámoslo siempre”. Hagamos gala de esta proclama, no dejemos que nos opriman falsos dirigentes que son falsos pastores que nos llevan al barranco, que no consiguen el agua que necesitamos y que ni siquieran dan la cara para asumir sus errores. Confiemos en profesionales, que han sido capaces de abrir las puertas del desarrollo a pueblos enteros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow by Email
Facebook
Facebook