Con agricultura no basta

La necesaria prolongación de la cuarentena en Arequipa por el alarmante incremento de casos positivos y fallecimientos a causa del COVID-19, ha originado que la región y todas sus provincias, incluida Islay, se quede paralizada en la fase 2 de la reactivación económica. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones ha prohibido los viajes interprovinciales a la región y el Ministerio de Salud ha señalado que las actividades que se permiten en la fase 3 y 4, aún no se podrán reanudar.

Más allá de denunciar la falta de atención del Gobierno Regional y de algunas autoridades distritales que evidentemente no han tomado con la seriedad del caso el avance del coronavirus, debemos considerar las oportunidades económicas que hoy se nos presentan para salir adelante.

Entonces, aparece la Gerencia Regional de Agricultura garantizando el recurso hídrico, el mejoramiento de las defensas ribereñas y el apoyo a cadenas productivas, como la del ajo en cuatro distritos de Islay. Es decir, el sector agrario, que no dejó de trabajar durante el aislamiento domiciliario y la cuarentena que se prolongó, sabe que se van a transferir recursos para que sigan trabajando y la población siga contando con alimentos.

Pero, Islay no se dedica exclusivamente a la agricultura. Entre ese sector que no trabaja en el campo, hay miles de jóvenes que no encuentran oportunidades laborales y no saben cómo salir adelante. Entonces, recordamos que Arequipa tiene un gran potencial minero, actividad que genera miles de puestos de trabajos directos e indirectos y reporta recursos por concepto de canon, regalías y otros impuestos.

Sin embargo, como siempre sucede, nunca falta quienes se oponen al desarrollo y empiezan a contar medias verdades a la población, que la minería contamina, depreda, explota y mata, que la minería destruye la agricultura, que los únicos que se benefician con la mina son los empresarios y el Estado.

Nadie dice que la tecnología permite que la minería no afecte trágicamente al medio ambiente, que mediante programas de desarrollo se mejora la calidad de vida de los pobladores de la zona de influencia y que mediante una negociación transparente e inteligente los recursos provenientes de la minería pueden cubrir los reclamos de la población, por ejemplo una represa que garantice el recurso hídrico, agua potable o mejores servicios de salud.

Quienes se oponen a la minería y al desarrollo, tampoco cuentan que hay una serie de intereses personales que se anteponen a los del pueblo del Valle de Tambo. Los antidesarrollo no aceptan la inversión privada porque eso atenta contra sus planes, que van desde el enriquecimiento sin trabajar hasta ganar simpatizantes para ocupar un cargo de representatividad.

El apoyo al agro se aplaude de pie, pero es momento de entender que solo la agricultura no nos va a sacar de la crisis económica y que la agrominería es una realidad que no podemos postergar más. El Valle de Tambo necesita trabajo y lo necesita ahora, más que nunca.

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